
Fue la pregunta hecha por Andrés, el hermano de Pedro, a Jesús, cuando les mando a alimentar la multitud. Era una pregunta demostrando la impotencia, y claro la falta de fe.
Pero realmente, ¿Qué podían hacer los Apóstoles para alimentar a la multitud? Yo creo que NADA. No había forma de que ellos pudieran comprar, hacer o buscar tantos panes para darle a comer a una multitud tan grande; pues el evangelio de Marcos nos habla de que eran como cinco mil varones.
Realmente frente a una necesidad tan grande, Andrés se sintió impotente. En ese momento ni la profesión, ni las habilidades, ni la sabiduría humana eran suficiente para poder cumplir con la tarea.
Cinco panes y dos peces, era lo que había desatado la pregunta. ¿Qué se podía hacer con estos panes y estos peces frente a una multitud de esa magnitud? ¿Qué hubiéramos podido hacer nosotros? La actitud de Andrés frente a la situación es como un espejo para nosotros hoy.
Me gusta que el milagro no fue hacer aparecer panes y peces. No fue como el Mana en el desierto, Jesús prefirió usar lo que tenían en sus manos. Un muchacho estaba dentro de la multitud con los cinco panes y dos peces; Jesús uso lo que estaba disponible para hacer un gran milagro de multiplicación. Si lees la historia completa, te dará cuenta de que ya el Maestro sabía lo que haría, pero estaba probando a sus discípulos.
¿Cuántas veces Dios nos ha mandado alimentar a la multitud que tenemos por delante? ¿En cuántas ocasiones has sentido al Espíritu Santo dirigir tu vida para responder con la Tarea divina? Y nuestra respuesta sigue siendo igual que la de Andrés: ¿Qué es esto para tanto?
Hay una multitud hambrienta en todas partes del mundo; Dios espera de personas que pongan sus panes y peces en las manos de Cristo;Él no quiere que nos preocupemos por la cantidad de personas necesitadas, ni el lugar donde debemos ir para alimentar; solo nos pide poner lo que hay en nuestras manos a su disposición y confiar; ya sea que lo único que tengamos sean panes y peces o habilidades naturales, él se encargará de multiplicar y usar lo que tenemos.
No preguntemos como Andrés, más bien creamos en lo que Dios nos dice; si le creemos y obedecemos, veremos milagros extraordinarios y lo más importante, veremos vidas aceptando a Cristo.
El mundo nos necesita, no lo hagamos esperar más.
Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? (Juan 6:5-9)
