
PRIVIGACION (Privilegio + obligación)
Noooo, no está mal escrito, tampoco fue que leíste mal. Es una palabra inventada, así que no te asuste. Algunos jóvenes del ministerio juvenil se rieron al escuchar esta palabra y otros se quedaron pensando, quizás como te quedaste pensando ahora.
A los dominicanos nos gusta ligar para crear nombres, así que ligue para conseguir una palabra que me ayudara a definir mejor la adoración a Dios, así nació: PRIVIGACION (Privilegio + Obligación).
La adoración es un privilegio inmerecido que Dios nos ha dado para entrar ante su presencia. Te imagina el privilegio que tenemos, después de ser pecadores, Dios nos ha limpiado y ahora nos invita a estar en su presencia, para escuchar nuestras alabanzas. Esto es más grande de lo que quizás lleguemos a pensar.
La adoración a Dios también es una obligación. Todo lo que ha sido creado, sea visible o invisible, este arriba o debajo, todo debe adorar, alabar y/o reconocer la grandeza de nuestro Señor, y cuando hablamos de todo, nos referimos a todo. (Salmos 148)
Nadie escapa de esta obligación. El Salmista manda a los árboles, animales, el sol y la luna, la naturaleza en general, a alabar al creador. Nosotros los hombres también estamos obligados adorarle, porque el merece ser adorado; por sus bendiciones, por su esencia.
El Apóstol Pablo nos manda a llevar una vida sacrificada delante de Dios, pues esto representa la verdadera adoración (Romanos 12:1). Entonces, el apóstol, nos está enseñando que la adoración no es simple canciones, va mas allá; es exponer toda nuestra vida (lo que somos + lo que tenemos) delante de su presencia; rendirnos y dejar que él sea el dueño total.
Claro que esto traerá como consecuencia que nuestras emociones sean tocadas, por eso saltamos, gritamos, cantamos, lloramos, pues es imposible entrar ante su presencia sin que nuestras emociones se manifiesten. No sé cómo hay personas que estando en un momento sublime, pueden estar distraídos, mirando el panorama sin intención de ser participe.
Es imposible, usted ser testigo de la presencia de nuestro Señor Jesucristo y quedarse igual. La mujer samaritana no pudo contenerse, tampoco lo hizo el endemoniado gadareno. La sola presencia (solo una pizca) de nuestro Señor es suficiente para estremecer nuestro cuerpo, hacernos temblar, llorar, reír, entre muchas emociones más. Es peligroso estar en medio de la presencia de nuestro Dios y perdernos el privilegio de adorarle. Como lo dijo Jacob: “… ciertamente el Señor estaba aquí y yo no lo sabía.”
Así que la próxima vez que pienses salir, dormir, comer, caminar, hablar, cantar, orar, leer, bañarte, jugar, ir a la iglesia; piensa en la oportunidad que tienes de adorar a nuestro Señor con todo lo que hacemos, somos y tenemos. No pierdas tu oportunidad, recuerda que es una PRIVIGACION.
¡Que todo lo que respira alabe al Señor!
¡Aleluya!
(Salmos 150:6 RVC)
