
En mi casa, hace mucho tiempo, pasamos de tener moldes normales para hielo, a tener un envase plástico donde ponemos agua para congelar. Este envase es simple y sencillo, son de esas botellas plásticas de refrescos grandes (doble litros). Después de hacerle una cirugía al material (quitarle un poco de la parte de arriba) queda listo para ser usado como molde de hielo. Echamos agua y lo ponemos en el refrigerador; cada vez que necesitamos enfriar algo, comenzamos a golpearlo para quebrar el hielo y tener así pedazos más pequeños, que nos sirvan para enfriar el líquido que deseamos.
Algo simple y que muchos lo hacen; pero golpeando el envase fuertemente me quede observando, que el envase pareciera no sufrir ningún daño; claro está que no estoy hablando de golpearlo con algo punzante, más bien con un cucharon o algo similar. El envase recibe golpe tras golpe y al final el envase está listo para recibir agua y ser llevado a refrigerar.
Pareciera que está hecho de un material que es imposible romper; pero si la misma operación (golpear el envase) la hacemos con este vacío, terminará rompiéndose. Así que no es el material del envase que le ayuda a no quebrarse cuando es golpeado constantemente, sino que el hielo que está dentro, le ayuda amortiguar los golpes. Al puntoque, una vez terminado el proceso, el envase sigue estando como nuevo relativamente.
Mi interés no es sacar una teología de esto; quizás si lo dejamos caer de cierta altura, el material se rompería con todo y el contenido; quizás pegándole con más fuerza, en fin, una seria de experimento que no he tomado en cuenta. Pero si quisiera ponernos a reflexionar sobre esta acción simple: el envase recibe golpes y no se quiebra, gracias a la sustancia (hielo) que lleva dentro.
La vida cristiana pudiera compararse, en este aspecto, con el envase con hielo. Recibimos golpes tras golpes, y podemos mantenernos en pie si estamos llenos de su Espíritu. No importa cuánto nos golpeen, o cuantas pruebas podamos tener, a quien debemos enfrentarnos, ser llenos de su Espíritu nos dará la resistencia necesaria para soportar los embates que lleguen a nosotros.
Ser llenos del Espíritu no es una opción, si realmente queremos ser cristianos bíblicos. Es una obligación para nosotros hoy, al igual que la iglesia primitiva, debemos vivir una vida llena, vivir con un énfasis espiritual real. El ser lleno del espíritu para la vida cristiana es un asunto de vida o muerte. No podemos ser cristianos mediocres, que se conforman con lo simple: ir domingo tras domingo, escuchando sermones y cantando canciones. Estamos llamados a transformar, reconciliar, ministrar a un mundo que va de mal en peor.
Si te quedaste pensando en los golpes que recibe el envase y estas asustados porque piensas que asíserás golpeado; no te preocupes ni amedrentes, porque Dios tiene control hasta de los golpes que El permitirá en tu vida. No te preocupes por el tipo de problema que llegará a tu vida; mejor enfócate en vivir lleno del Espíritu Santo.
No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones (Efesios 5:18-19)
