
Todos hemos recibido, alguna vez, una dirección escrita para llegar a un lugar determinado, a una fiesta o a recibir algo importante. Y si no seguimos esta direccion podríamos extraviarnos.
La palabra de Dios nos dice: Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre. (Proverbios 1:8 RVR 1960),
Si te preguntara cómo definirías la palabra “mamá” ¿Qué dirías? Muchos tal vez dirían que es lo más maravilloso del mundo, otros tal vez dirían “madre es quien cría no quién da a luz” y otros dirían que no saben. Una madre es una mujer que ha dado a luz; pero ser madre va mucho más allá, incluye cuestiones como el amor, el cuidado y la atención. Nuestras madres cumplen un papel fundamental en nuestra crianza, nos dan de comer, son aquellas que nos enseñan nuestras primeras palabras, se convierten en dirección y guía en nuestras vidas. Dios, en el verso mencionado arriba nos dice que no debemos despreciarlas (Considerar que algo que no merece aprecio o atención).
Entonces surge la pregunta ¿Cómo puedo yo despreciar la dirección de mi Madre? con el simple hecho de una mala respuesta, de no poner atención a sus palabras, o no detenernos a ver el esfuerzo que hacen nuestras madres para darnos la vida y criarnos, esperando que seamos seres de bien.
Desde que una mujer decide tener un niño en su vientre, su vida cambia inmediatamente, ya no piensa en ella sino en el ser que lleva dentro. Y creo que esto es digno de aprecio.
Detengámonos en este dia a pensar en qué cosas hemos despreciado a nuestras madres y demos gracias a Dios por tener una.
Yuleisy Garcia D. Hurtado.
