
Detente unos minutos, si te dijera que pensaras en lo más preciado que tienes en tus manos ahora mismo ¿Qué sería?, para muchos su vida, para otros su familia, algunos sus empleos, o sus padres, sus hijos o cualquier cosa material.
Si Dios te dijera “entrégame eso que para ti es tan importante pues lo necesito para salvar a la humanidad” ¿Se lo darías? o le dirías: “Señor, te lo daré; pero quiero que salves solo a las personas buenas y no a las malas como los violadores de niños, ladrones o terroristas.» Sin embargo, hay alguien que lo hizo por ellos y te preguntarías ¿Cómo?, pues así es.
En Efesios 3: 17b – 18 dice «…y para que, arraigados y cimentados en amor, sean ustedes plenamente capaces de comprender, con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios.» Aquí, se nos habla de un amor que sobrepasa nuestro conocimiento, es un amor ancho, largo, alto y profundo. Es totalmente ancho para abarcar a cualquier persona; largo, porque sin importar raza o diferencias culturales su amor lo alcanza todo; alto, porque sin importar el estilo de vida pecaminoso, su amor está por encima; y profundo, pues no importa cuán grande sea el pecado, su amor está presente.
Tal vez jamás podamos comprender qué tan grande es ese amor que abarca a aquellos que, según nuestros ojos, tienen muchos pecados; pero, ¿Y nosotros? ¿Merecemos ese amor? ¿Merecemos que Él haya entregado su vida por nosotros?
Aún sin entenderlo, me impresiona lo grande que es el amor de Dios.
Escrito por: Yuleisy García
