
Una de las personas más importantes y más influyentes en la vida de una persona es su papá. Un buen papá se preocupa por las necesidades y el bienestar emocional, físico y espiritual de su familia. Es amoroso y afectivo con ella. Tal vez te criaste junto a tu papá y disfrutaste de su amor ejemplar o tal vez no lo has conocido o nunca tuviste la oportunidad de hacerlo, o si tuviste la oportunidad de crecer junto a él, sin embargo no fue el mejor padre, pero quiero decirte que puedes tener el mejor Papá de todos.
Jesús, en una ocasión, ilustró nuestra relación entre Dios, el Padre, y nosotros con una parábola; el hijo pródigo (Lucas 15:11-32). El joven de la historia le pidió toda su herencia a su padre y se fue a malgastarla en los placeres de la vida y a derrochar todo sin control. Una vez se quedó sin dinero, convenció a un agricultor de que le diera trabajo para darle comida a los cerdos, y era tal la condición de aquel joven que ¡hasta comía de la comida para cerdos!. El joven entró en razón y regresó a la casa de su padre pidiéndole que lo dejara vivir allá como un esclavo. En cambio, su padre al recibirlo, celebró con lo mejor de su ganado y le dió regalos muy preciosos.
Dios es como el padre de aquel joven. Una vez creímos en Jesús, Dios nos adoptó como sus hijos y podemos llamarlo “Abba”, que quiere decir “papito”. Si hemos estado lejos de Dios y lo hemos ofendido, “podemos entrar confiadamente al trono de la gracia” a arrepentirnos delante de Dios (Hebreos 4:16), tal y como hizo el joven al volver a su padre. Podemos estar seguros de que Él nos recibirá como lo hizo el padre de la historia con su hijo y nos mostrará su maravillosa gracia y bondad. Él, como buen padre, nos castiga (Proverbios 3:12) como consecuencia de nuestras acciones, pero “Él no nos castiga con la severidad que merecemos” (Salmos 103:10).
Yo creo en Dios como Mi Padre y creo en Su palabra en que puedo llamarlo papito. Si aún no has conocido a este maravilloso Padre, te invito a conocerlo para que disfrutes de la plenitud de Su amor y que puedas llamarlo con confianza: ¡Abba!.
Escrito por: Bryan Martínez
