
1 Juan 2:15
No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
La vida está llena de decisiones.Debemos elegir cada día, para cada cosa: si nos levantamos el lunes o seguimos durmiendo; si comemos lo que nos sirven o lo pasamos por alto; si voy en carro público o llamo un taxi; si voy a la iglesia o me quedo en mi casa; si obedezco lo que la Biblia dice o sigo los sentimientos de mi corazón; si amo a Dios con todo mi corazón o amo al mundo.
Nuestra responsabilidad es decidir, para bien o mal, pues cada decisión trae consigo consecuencias. Juan nos advierte que debemos elegir amar a Dios por encima de lo que el mundo nos ofrece: “No amen al mundo…”
Es una advertencia para clarificar nuestras mentes y ayudarnos a tomar una buena decisión. Si eres de los que dicen amar a Dios, es imprescindible que entiendas que no debes amar al mundo.
¿Qué es el mundo? Es el sistema que nos arropa: las políticas, la música, la forma de vida, la filosofía de la vida, las prioridades agregadas, el camino trazado por la sociedad, la crianza mal sana, las amistades, los placeres, en fin, todo lo que envuelve este sistema de vida, como tal, está plagado de maldad y pecado.
El mundo es el ambiente donde hombres y mujeres viven; nosotros somos los que determinamos por donde vamos a caminar, pero resulta que al hombre ser pecaminoso, todos sus pensamientos están contagiados de pecado. No podemos tomar medidas sanas, ni tener políticas buenas, ni vivir una vida libre maldad, si en nuestra naturaleza estamos viciado de toda maldad e inmoralidad.
Amar al mundo significa aceptar todo lo nos ofrece, llamarle bueno a lo que el mundo le dice bueno, vivir de la forma como el mundo determine que debemos de vivir, y abrazar los placeres que el mundo los presenta como válidos. Pero automáticamente al aceptar estas cosas, estamos dándole la espalda a Dios. Pues nadie puede amar a dos señores, fue lo que Jesús nos dijo mientras estuvo aquí en la tierra.
Amar al mundo nos troncha nuestra relación con Dios y no permite que nuestra Adoración llegue ante su presencia; pues la verdadera Adoración está basada en el amor, en el reconocimiento de la superioridad de Dios, en tenerlo en el primer lugar de toda nuestra vida. Así que, si amas al mundo, entonces tu amor ya no será para Dios, y la prioridad en tu vida no será El.
Cuando aceptamos los placeres que el mundo nos ofrece: sexualidad fuera de la voluntad de Dios; drogas; alcohol, relaciones mal sanas, actitudes de orgullo, ansiedad de placer desmedido, hacerles casos a las pasiones juveniles; todo esto nos alejaran más de Dios.
Atendamos a la advertencia que Juan nos hace en su primera carta; seamos sabios, obedeciendo los consejos que han sido plasmado en la Santa Palabra de Cristo y gozaremos de una verdadera relación de Padre a Hijo; seremos verdaderos adoradores y disfrutaremos de grandes bendiciones.
Debemos llegar a ser jóvenes que amen a Dios con todo su corazón y que rechazan al mundo. La decisión es tuya.
